19.11.09

CRÓNICA AL CENTRO DE LIMA

En medio de Tormentosas bocinas de transeúntes presurosos y ambulantes desconsolados, me encuentro cruzando la Av. Abancay, toreando los carros como toda la gente, Ya casi soy ciudadana nuevamente. Intento buscar por donde empezar mientras iba a paso de procesión, veía extrañas mezclas de rostros y costumbres diferentes, unos vienen a pasar el rato, otros para hacer compras, Entre tantas caminatas llego a una esquina y me estaciono en un lugar llamado Quilca, entretenido lugar para maniáticos lectores, recolectores de antigüedades y hermosos libros a poco precio. Mi caminata era constante, hasta ver una Lima coqueta que me guiñaba el ojo a lo lejos absorbiéndome con la mirada, me aproximaba hacia la plaza San Martín, veía una Lima arreglada. Grande era mi sorpresa, dejándome llevar por el físico de Wilson y Abancay, sin conocer lo de adentro y no darme cuenta que ¡Lima ya es otra!, la operación tardo, pero por fin ya esta recuperándose… decía yo en voz alta muy animosa, mientras Lima interrumpió mi alegría y mostrándose sensible me respondió : Que siente vergüenza de tantas promesas de alcaldes que a paso de tortuga cumplen ahora sus promesas, ella sigue molesta, diciéndome mortificada que con simples postes de luz y seguridad detrás de ella no es suficiente para devolverle dignidad, ella espera más de nosotros y nosotros esperamos más de ella, hubo silencio y finalmente cambiando inesperadamente de actitud se despide dándome la bienvenida con una sonrisa desde un parapente que del cielo deslumbró, desapareció esa voz y continué mi caminata
Mientras me sentaba en una banca de la plaza san martín pensaba y analizaba lo que me dijo, admirada y a la vez confundida aún no entendía si Lima en realidad ha cambiado o es solo pura pantalla. Para salir de dudas, me acerco a preguntarle a un joven sentado con su guitarra, que de lejos observaba algo inquieto, entre conversaciones me decía que Lima le inspira tan solo para escribir canciones tristes mas no alegres, Del cambio hablo muy poco, mencionó lo que yo en un momento note. Los postes de luz son más intensos y hay más seguridad pero me aseguro que no hay que confiarse mucho, lo cual hizo que cuidara más mis cosas. Observaba al fotógrafo del lugar que por cierto sigue siendo el mismo señor de hace diez años, con elogios trata de inducir que me tome una foto, sobraron excusas para convencer que me responda algunas preguntas, minutos después y entre tanto parloteo, me confesó sin ninguna vergüenza que cambia el precio cuando se le da la gana, su justificación fue “Por que así es la realidad, al turista en dólares al peruano en soles.” Novedad no es, pero si una injusticia, Dejándome consternada seguí mi camino por la estrecha cintura de nuestra querida Lima. Jirón. Con alborotados ambulantes, tiendas comerciales, y lo que mas llama la intención tipos extraños de cabello largo, vestimenta huachafa y oliendo a cigarrillo, ofreciendo perforarte la nariz y marcarte el cuerpo de tatuajes, inyectándote heroína para no sentir dolor. Una realidad un poco tosca, pero cierta.
No sin antes terminar el paseo por esta estrecha cintura y cruzar emancipación sin darme cuenta la noche me agarra por la espalda y el frío ya se siente, de pronto veo en una esquina lúgubre a una humilde señora vendiendo emoliente, motivándome a comprar un vaso de un sol sesenta. Resistirse era imposible, el frío era intenso y las ganas de tomar un rico emoliente estaban presentes, entre conversaciones con la humilde mujer contaba que hace veinte años trabaja en este lugar, y que el dinero que gana si le alcanza para mantener a sus cuatro hijo. Al preguntarle por el trato de los extranjeros. Avispada me responde, que son personas con un gran corazón. Que de vez en cuando llegan trayéndoles a niños de la calle y les invitan emoliente y pan con chicharrón. Y cuando le pregunte por el trato de los peruanos la inmensa sonrisa se desvaneció, respondiéndome con una mirada perdida no muy convencida “Algunos tratan bien otros no tanto” Asegurándome que los extranjeros demuestran mas sentimientos que los peruanos”
Entre agradecimientos y sonrisas, cambiando de tema y terminando mi delicioso emoliente intercambio opiniones sobre el cambio de la capital. Y me respondió con una risa sarcástica que me sorprendió, “La policía que supuestamente cuida el lugar, es corrupta y los robos son continuos, ellos solo están de adorno y no hacen nada” finalizando esta conversación me recalco “el cambio para mi, no ocurre todavía”
Dejándome consternada, admirada, desilusionada, con mis dudas todavía seguí firme en mi caminata hasta llegar a la Plaza de Armas, donde el cambio aparentemente es notorio, la noche recién empieza los carro se estacionan sin ningún problema, elegantes señores de saco y corbata se aproximaban a los bares del pasaje José Olaya gringos sin necesidad de estar elegantes merodean y llenan de flash el lugar, sin perderse ningún detalle. Gente Esperando subir al cerro san Cristóbal, los mira buses están repletos de viejas refinadas, con la nariz empolvada de rubor, cada uno vive su vida, todos están en movimiento, lo único que se mantiene estático es el Palacio de Gobierno, La Catedral y el Palacio Municipal. Yo única observadora que vine en busca de una respuesta sacando mis propias conclusiones me voy con una ola de protestas que quisiera cantarlas al son de una marinera con guitarra y cajón, entre piscos y picarones en medio de esta plazuela y hacerles entender que lima es sensible y lo único que quiere es dignidad y sentirse querida por sus propios hijos.

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